10 de octubre – Día Mundial de la Salud Mental


El Día Mundial de la Salud Mental se celebra todos los 10 de octubre en más de 100 países, por iniciativa de la Federación Mundial de la Salud Mental, con la finalidad de visibilizar la situación de las personas con problemas de salud mental y sus familias y reivindicar públicamente sus derechos.

Cada año, la campaña se centra en algún aspecto particular vinculado con la salud mental, buscando enfocar la atención mundial en la problemática de los afectados y en la identificación, tratamiento y prevención de ese problema.

Para el año 2017, el tema es La Salud Mental en el Trabajo.

El trabajo se vincula con la salud mental de los trabajadores por una doble vía: como causa o factor de enfermedad mental, por la posibilidad de contribuir al stress y la depresión; y como ambiente negativo para las personas con enfermedades mentales, que sufren estigma y se ven impulsadas a ocultar su condición para obtener o conservar el empleo.

La Organización Panamericana de la Salud sostiene que “La globalización ha contribuido al estrés relacionado con el trabajo y a sus trastornos asociados. Una de cada cinco personas en ámbito laboral puede experimentar un trastorno de salud mental. Los problemas de salud mental tienen un impacto directo en los lugares de trabajo a través del aumento del ausentismo, la reducción de la productividad y el aumento de los costos de atención de la salud. Sin embargo, el estigma y la falta de conciencia sobre la salud mental persisten como barreras para abordar la salud mental en el lugar de trabajo.”

El lugar de trabajo es un ámbito importante para promover prácticas que apoyen a las personas que tienen problemas de salud mental y para proteger el bienestar de todos los empleados, promoviendo las relaciones laborales basadas en la confianza, la autenticidad y el compañerismo.

En la actualidad, los problemas mentales pueden ser diagnosticados y tratados eficazmente, permitiendo a las personas que los padecen recuperarse y llevar vidas satisfactorias, estudiando, trabajando, construyendo familias y siendo personas productivas en su comunidad. Los empleadores y los compañeros de trabajo pueden ser agentes de cambio en la consideración de las enfermedades mentales, combatiendo el estigma y fomentando el debate abierto sobre la salud mental.

Aunque los tratamientos eficaces para los problemas mentales son conocidos, la aceptación de la enfermedad mental en los trabajos no ha mejorado en los últimos 20 años. Sin embargo, 10% de la población trabajadora requiere algún tipo de licencia relacionada con depresión, y el 50% de las personas con depresión no reciben tratamiento, lo cual causa una pérdida significativa de la productividad. Las condiciones laborales, especialmente en tiempos difíciles o de crisis, pueden incrementar fuertemente el stress y contribuir a distintos trastornos mentales en los trabajadores.

La salud mental no es un problema de los otros. Es algo que incumbe a todos y requiere un abordaje múltiple, desde el compromiso de crear conciencia y reducir el estigma hasta las políticas de salud mental y la provisión de apoyo y atención adecuada a quienes la necesiten, en todos los ámbitos.