martes, 12 enero, 2021

Para entender mejor a las vacunas de la COVID 19


¿Qué es una vacuna?

Nuestro sistema inmune es sumamente complejo y eficiente. Está preparado para combatir incontables posibles agresores que ingresen al organismo, como bacterias, virus y otros agentes. Cuenta con células especializadas en distintos aspectos de la inmunidad, algunas que destruyen a los gérmenes o a las células infectadas, otras que fabrican anticuerpos para impedir que entren los agresores a las células (los llamamos anticuerpos neutralizantes) y otras que conservan la memoria de todos los agresores que vamos combatiendo y de todos los anticuerpos que hemos fabricado, y así están en condiciones de volver a producir los anticuerpos rápidamente y evitar que nos enfermemos, si algún agresor reaparece.

Créditos fotografía Ministerio de Salud

Una vacuna es algo simple: básicamente es un engaño que le hacemos al sistema inmune. Le presentamos una bacteria o un virus a los que les hemos quitado la capacidad de enfermarnos, o una parte de un virus, un fragmento inofensivo pero que es detectable como un potencial agresor. Así, el sistema inmune reconoce, enfrenta, fabrica anticuerpos neutralizantes y guarda en sus células de memoria la información que el organismo necesita para combatir rápidamente al agresor verdadero, si éste se presenta.

¿De qué están hechas las vacunas para la COVID 19?

Hasta hace algunos años, las vacunas se hacían con virus enteros, modificados de tal modo que, aunque generaban respuesta inmune, eran incapaces de producir enfermedad. Posteriormente, se han desarrollado tecnologías mucho más avanzadas y sofisticadas, que engañan al sistema inmune presentándole apenas una porción muy precisa del virus.

En el caso de la COVID 19, el agresor es un coronavirus, el SARS-CoV 2. Este virus tiene una pequeña partecita con forma de punta o espícula que le sirve para unirse a las paredes de nuestras células y entrar en ellas. Luego, usa a las células para que fabriquen copias de sí mismo, que se liberan, destruyendo la célula e infectando a otras.

Hasta el momento, las vacunas que están más avanzadas en su desarrollo y en los estudios clínicos “engañan” al sistema inmune de varias maneras:

  • La tecnología más antigua, que se ha usado en la mayoría de las vacunas antivirales del calendario nacional de vacunación, es la de virus inactivado. Las desarrollan dos laboratorios chinos, SinoPharm y SinoVac. El sistema inmune entra en contacto con todas las partes del virus y forma anticuerpos contra todas ellas.
  • La tecnología del vector viral, que consiste en poner un pedacito del material genético del virus SARS CoV 2, el que codifica la proteína de la espícula, dentro de un virus conocido y manipulado para ser inofensivo para los seres humanos, que funciona como portador. La vacuna pone a las células a fabricar el virus inofensivo con la espícula del coronavirus, y así desencadena la respuesta inmune y deja anticuerpos neutralizantes y células de memoria inmune para esa parte del coronavirus que fabrica la espícula o punta. Esta tecnología, ya utilizada desde hace años, es la que usan la vacuna de Oxford/Astra Zéneca (Gran Bretaña), la Sputnik V (Rusia), CanSino (China) y Johnson y Johnson (USA).
  • Las vacunas de ARNm, una tecnología más nueva pero ya probada, que presenta al sistema inmune solamente un fragmento del ARN mensajero del virus, la parte que codifica la espícula, envuelto (“empaquetado”) en una sustancia lipídica que facilita la entrada en las células y refuerza la respuesta defensiva. El sistema inmune reacciona formando anticuerpos neutralizantes contra la espícula, del mismo modo que en el caso anterior, pero sin usar un vector viral. Usan esta tecnología las vacunas de BioNTech/Pfizer (Alemania/USA) y Moderna (USA).
  • Por último, una vacuna que viene un poco más atrasada en el desarrollo, porque no usa material genético viral sino directamente la proteína de la espícula, que es más difícil de producir en grandes cantidades que el ARNm. La vacuna consiste en inyectar directamente esas proteínas, sin material genético, también envueltas en una sustancia facilitadora. El laboratorio fabricante es de USA y se llama Novavax.

Hay más de 200 investigaciones y desarrollos en curso en todo el mundo, pero estas son las que han llegado más lejos hasta ahora y están completando la fase 3 de investigación clínica.

¿Por qué se desarrollaron tan rápido tantas vacunas?

En primer lugar, porque miles de científicos, investigadores y laboratorios de todo el mundo recibieron fondos enormes de los gobiernos y se pusieron simultáneamente a trabajar en un mismo problema, compartiendo además los progresos que iban haciendo. En condiciones normales, puede llevar años recaudar los fondos para ir avanzando en las distintas etapas de investigación.

En segundo lugar, por los avances en tecnología que hace décadas, cuando se desarrollaron la mayoría de las vacunas que conocemos, no existían.

Créditos fotografía Ministerio de Salud

Además, no se empezó de cero: se usaron tecnologías y plataformas que ya existían, que habían sido probadas y estudiadas por años. La tecnología de ARNm se probó en versiones de vacunas contra Zika, influenza, rabia y citomegalovirus. La tecnología del vector viral también se había usado previamente en el desarrollo de vacunas ya aprobadas, como por ejemplo contra otro coronavirus y contra el virus de Ébola (Gamaleya). Ambas también tenían ya uso en terapias génicas contra diferentes enfermedades.

Una de las razones por las que las pruebas clínicas pudieron hacerse tan rápidamente es que hay una pandemia. Es decir, una enorme circulación del virus en la población mundial, con millones de casos. Hay cientos de miles de voluntarios dispuestos a participar de los estudios. En pocos meses, se pudo vacunar a esos miles y avanzar en las etapas de las investigaciones porque hubo suficientes contagiados para poder alcanzar el número estadísticamente significativo. Cuando se desarrollan vacunas para enfermedades de las cuales ocurren pocos casos, no hay población sobre la cual probarlas ni forma de verificar si efectivamente previenen la enfermedad. Puede ser necesario esperar años para acumular la cantidad de casos que la COVID 19 produce en un solo día. Ocurrió hace pocos años con una vacuna para Ébola, que no pudo probarse porque se terminó la epidemia.

Finalmente, se eliminaron trabas burocráticas que a veces alargan durante años los procesos de autorización por las agencias reguladoras. Las vacunas se han autorizado “de emergencia”, en atención a la gravedad de la pandemia y los millones de vidas en riesgo. Esto quiere decir que no se puede esperar dos años para ver los efectos a largo plazo, por ejemplo. Las agencias reguladoras, como la EMA (Agencia Europea de Medicamentos), la FDA (Administración de Drogas y Alimentos de USA) y la ANMAT (Agencia Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica, en Argentina) reciben información detallada directamente de los laboratorios que desarrollan las vacunas y los centros que llevan a cabo las distintas etapas de investigación clínica. En las actuales circunstancias, las necesidades de salud pública aceleran los trámites y evitan pérdidas de tiempo. Las agencias van revisando los procesos casi simultáneamente mientras se realizan. La autorización de emergencia es un riesgo que las autoridades de salud pública de los distintos países están dispuestas a asumir porque el cálculo de riesgo-beneficio favorece fuertemente la toma de riesgos teóricos en comparación con los claros beneficios en la prevención de enfermedades graves y muertes.

¿Todas las vacunas son seguras y eficaces? ¿Qué podemos esperar de ellas?

Podemos estar seguros de que las vacunas van a funcionar porque lo que hacen es mejorar nuestra respuesta inmune frente a la infección por coronavirus. Las vacunas consiguen potenciar nuestra capacidad de responder a la infección y nos preparan para estar protegidos durante mucho tiempo, evitando que desarrollemos las formas severas de la enfermedad. Sabemos que el sistema inmune es capaz de superar la COVID 19, porque millones de personas se han curado; eso es una garantía de éxito para conseguir vacunas eficaces.

Las pruebas clínicas de todas las vacunas para la COVID 19 vienen dando resultados muy satisfactorios.

Créditos fotografía Ministerio de Salud

Todavía no sabemos si las vacunas impedirán no sólo el desarrollo de la enfermedad, sino también la infección. Podría ocurrir que continuemos infectándonos, pero que no lleguemos a enfermar. En ese caso, habría riesgo de contagiar a otros, por lo que durante cierto tiempo tendremos que mantener las precauciones como el uso de barbijos, aunque estemos vacunados.

Tampoco sabemos todavía durante cuánto tiempo durará la protección que otorguen las vacunas. Puede no ser la misma para todas, puede que sea necesario reforzar la dosis cada cierto tiempo. Si el virus muta, como ocurre con el de la gripe, tal vez haya que revacunarse periódicamente con las nuevas versiones de virus.

En cuanto a la seguridad, puede decirse que todas las vacunas aprobadas son seguras, más seguras que los medicamentos comunes que tomamos a diario. Históricamente, más de la mitad de las vacunas que se desarrollaron llegaron a fase 3 y más de un tercio resultan efectivas (otras no se llegaron a probar porque se acabó la epidemia), mientras que, por ejemplo, apenas un 1% de las drogas oncológicas que se desarrollan terminan siendo aprobadas.

Las vacunas tienen, por lo general, menos efectos secundarios que los medicamentos comunes porque son mucho más simples que un compuesto químico y nuestro sistema inmune sabe qué hacer con ellas. Los eventos adversos relacionados con las vacunas existen, y van a ocurrir porque se aplicarán miles de millones de dosis en poco tiempo. La mayoría de esos eventos adversos son leves, pasan solos y no impiden desarrollar inmunidad. Los riesgos de enfermar de COVID 19, desarrollar enfermedad grave, morir o tener complicaciones de largo plazo son mucho mayores que los riesgos propios de las vacunas.

La urgencia por la pandemia genera preocupaciones sobre la seguridad, pero realmente el principal problema de la urgencia no está en la posibilidad de efectos adversos desconocidos sino en que se desconoce la duración de la inmunidad generada y si impide sólo el desarrollo de la enfermedad o también impide la infección. Eso, sólo lo podremos saber con el tiempo.

Créditos fotografía Ministerio de Salud

¿Algunas vacunas son mejores que otras?

Aunque tengan diferencias en la forma como presentan el desafío al sistema inmunológico, las vacunas que están más avanzadas cumplirán su propósito de inmunizar a las poblaciones y terminar con la pandemia. Las consideraciones geopolíticas son ajenas a la calidad y seguridad de las vacunas. Así como confiamos en ANMAT para que autorice todos y cada uno de los alimentos y medicamentos que consumimos todos los días, podemos confiar en su autorización de las vacunas para la COVID 19.

Ospe Mobile