martes, 29 octubre, 2019

Cómo prevenir un ACV


El control de factores de riesgo como la hipertensión arterial y la adopción de hábitos saludables por parte de la población son fundamentales para prevenir el Accidente Cerebrovascular (ACV), que provoca unas 14.000 muertes al año y es la primera causa de discapacidad permanente en adultos en nuestro país.

¿Qué es el Accidente Cerebrovascular (ACV)?

Un accidente cerebrovascular sucede cuando el flujo de sangre a una parte del cerebro se detiene. Si esto ocurre por más de pocos segundos, el cerebro no puede recibir nutrientes y oxígeno y las células cerebrales pueden morir, causando daño permanente.

Hay dos tipos de ACV: isquémicos (estos son la mayoría) y hemorrágicos.

Los ACV isquémicos ocurren cuando el flujo de sangre queda obstruido, ya sea por un coágulo o por la presencia de placa aterosclerótica. Los hemorrágicos se presentan cuando un vaso sanguíneo se debilita y se rompe, permitiendo la salida de la sangre hacia el tejido cerebral.

¿A quiénes afecta y a qué edades con mayor frecuencia?

Afecta más a hombres que a mujeres y la máxima frecuencia en Argentina se da entre los 65 y 70 años. Sin embargo, puede ocurrir a cualquier edad, desde el nacimiento hasta las edades más avanzadas.

Síntomas:

Por medio del reconocimiento temprano de los signos de un ataque cerebral y la búsqueda inmediata de atención médica, se pueden reducir las posibilidades de muerte y discapacidad.

Todos los síntomas del ACV comienzan en forma súbita. Entre ellos, los más frecuentes son:

  • Falta súbita de sensación, debilidad o parálisis repentinas en la cara, el brazo o la pierna, especialmente en un lado del cuerpo. Se trata del síntoma más frecuente.
  • Problemas repentinos para hablar o entender.
  • Problemas repentinos para ver con uno o los dos ojos.
  • Dificultades para caminar, mareo, vértigo, pérdida del equilibrio o falta de coordinación.
  • Dolor de cabeza súbito y de máxima intensidad

¿Se puede prevenir o evitar?

Es indispensable conocer los factores de riesgo, es decir, aquellos factores que incrementan la probabilidad de sufrir un accidente cerebrovascular. Algunos factores de riesgo para el accidente cerebrovascular no se pueden cambiar. Algunos otros sí.

El cambio de los factores de riesgo que sí se pueden controlar ayudarán a llevar una vida más larga y más saludable. Esto se llama cuidados preventivos.

Son factores de riesgo:

  • Presión arterial alta: es el principal factor de riesgo para los accidentes cerebrovasculares
  • Frecuencia cardíaca irregular, llamada fibrilación auricular
  • Diabetes
  • Ser hombre
  • Antecedentes familiares de la enfermedad
  • Colesterol alto
  • Aumento de la edad, especialmente después de los 55 años
  • Obesidad
  • Historial de accidentes cerebrovasculares previos o accidentes isquémicos transitorios (que ocurren cuando la sangre que fluye a una parte del cerebro se detiene por un período breve)
  • Personas que tienen una enfermedad cardíaca o mala circulación en las piernas causada por estrechamiento de las arterias
  • Tabaquismo, consumo excesivo de alcohol, consumo de drogas, una dieta rica en grasa y falta de ejercicio
  • Mujeres que toman píldoras anticonceptivas (especialmente las que fuman y son mayores de 35 años)
  • Las mujeres embarazadas tienen un mayor riesgo durante el embarazo
  • Mujeres que toman terapia de reemplazo hormonal

Diagnóstico:

Un diagnóstico adecuado de la causa del ACV resulta fundamental para poder prevenir un segundo evento, cuya probabilidad de que ocurra es relativamente alta. Para ello, se realizan estudios cerebrales por imágenes (tomografía computada o resonancia magnética). También puede ser necesario hacer una evaluación de la circulación extra e intracraneal y un análisis de sangre para detectar alteraciones de la coagulación, además de un electrocardiograma y un ecocardiograma para identificar causas originadas en el corazón.

¿Es posible rehabilitarse luego de un ACV?

Sí, en la mayoría de los casos los pacientes efectivamente mejoran. Es importante recordar que los efectos de un ataque cerebral son peores inmediatamente después de ocurrido el evento. A partir de entonces, la velocidad y calidad de las mejoras dependen de la extensión de la lesión cerebral y del éxito del tratamiento y la rehabilitación.