La enfermedad de Alzheimer 21 de septiembre – Día Mundial del Alzheimer


Se llama demencias a un conjunto de enfermedades que afectan al cerebro y que impiden a quienes las padecen pensar, recordar y llevar a cabo las actividades diarias. Son las principales causas de discapacidad y dependencia en las personas mayores y pueden resultar abrumadoras no solo para quienes las padecen, sino también para sus cuidadores y familiares.

La enfermedad de Alzheimer es la forma más común de demencia que afecta a mayores de 60 años. A medida que las expectativas de vida aumentan, también crece el número de enfermos de Alzheimer. Cerca del 2% de las personas de 65 años y del 40 % de los mayores de 85 años la padecen. En nuestro país, se calcula que alrededor de 600 mil personas mayores de 65 años tienen demencia, algo más del 8 % de la población de ese grupo de edad.

Se trata de una enfermedad crónica, progresiva e irreversible, que se inicia con la acumulación dentro del cerebro de ciertas proteínas que, lentamente, van deteriorando el funcionamiento de las neuronas y su capacidad de comunicarse entre sí. Cuando las manifestaciones clínicas se presentan, ya lleva evolucionando mucho tiempo, acumulando daños en el cerebro. Afecta a la memoria, el pensamiento, la orientación, la comprensión, el cálculo, la capacidad de aprendizaje, el lenguaje y el juicio. La conciencia no se ve afectada. El deterioro de la función cognitiva (es decir, la capacidad para procesar el pensamiento) suele ir acompañado o precedido por el deterioro del control emocional, el comportamiento social o la motivación.

No existe tratamiento ni drogas que puedan curar la enfermedad de Alzheimer. Algunos medicamentos pueden proporcionar una mejoría parcial y transitoria de los síntomas. En todo el mundo hay numerosas investigaciones procurando encontrar tratamientos que puedan detener la progresión de la enfermedad, pero ninguno ha demostrado eficacia hasta ahora, aunque hay líneas de investigación promisorias. En nuestro país, investigadores del CONICET han realizado importantes descubrimientos de investigación básica, que aportan conocimiento sobre el mal funcionamiento neuronal que lleva a la neurodegeneración en el Alzheimer. También hay investigaciones sobre sustancias farmacológicas que podrían ser de utilidad en el tratamiento.

La ausencia de cura hace más significativa la importancia de la prevención. Dado que los pacientes con hipertensión y daño vascular tienen mayor probabilidad de padecer demencia y que la asociación de patología vascular cerebral con enfermedad neurodegenerativa condiciona un deterioro cognitivo mayor, los factores de riesgo para enfermedad vascular, como la hipertensión arterial, la diabetes, la obesidad, el tabaquismo y el sedentarismo contribuyen a precipitar, agravar y empeorar el pronóstico de las demencias. Previniendo el daño vascular con hábitos de vida sana (dieta saludable, ejercicio regular, peso saludable, control de la hipertensión y la diabetes), si bien no se evita la aparición del Alzheimer, que obedece a sus propias causas, se contribuye a que la declinación cognitiva sea más lenta.

El consumo nocivo de alcohol, el bajo nivel educativo, la depresión, el aislamiento social y la inactividad cognitiva también son factores de riesgo para la aparición de demencia que pueden prevenirse o modificarse, ya sea a nivel individual o mediante políticas sanitarias y sociales.